Ir al contenido principal

Acerca de nosotros

Somos un grupo de escritores dedicados a la narrativa, ese arte acurrucado, a veces olvidado, en los viejos páramos de nuestra travesía. Sorteadores de historias en un oleaje de palabras de mar bravío. Aunque a veces aquí también florece la poesía. Y quizá por ello se nos pueda ver como un grupo de sobrevivientes de alguno que otro apocalipsis personal. Sin embargo la esencia de nuestra búsqueda anida en el cuento, el ensayo, el relato y la novela.

Somos La voz enTinta que busca la hoja en blanco, barcaza con la que intentamos cruzar este océano bravo y amurallado, mar de la vida y la muerte.

En este espacio buscamos promover la creación literaria, y también difundir el trabajo realizado desde la total libertad creativa del arte, para coadyuvar en el despertar del gusto por la lectura de las nuevas generaciones y entregar obras de calidad a nuestros lectores. 

Y en el entendido de que el escritor funge como una antena que capta los mensajes provenientes del universo y los descifra para el navegante nocturno, sabemos que nuestra voz es también consciencia de su sociedad y testigo de su tiempo.

Somos La voz enTinta...

Porque tenemos vocación de palabra y pluma.

Porque somos palabra que no se irá con los vientos.

Somos La voz enTinta...

Porque la narrativa chiapaneca existe, tiene mil voces y tiene mucho que contar.





Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacaciones

Nelly Gallardo Salí de vacaciones y fui a parar a Brujas, Bélgica, un lugar de mucha historia. Cuando llegué me hospedé en el hotel ”El Tinieblas”. Me asignaron la habitación 666. Cansado, sin más ni más aventé mi maleta y aún vestido me tiré a la cama. No sé si me dormí ni qué tiempo pasó, pero de pronto tuve la sensación de no estar solo. Abrí los ojos y me sobresalté. Vi una sombra que se acercaba a mí. Me paré como un bólido y la sombra lentamente se fue acercando y me decía sin palabras, sólo con su mirada penetrante: no temas, soy un ser fantasmagórico, te llevaré al otro mundo. “¡Ay!”, grité con fuerza “¡Déjame!, ¡déjame!”, pero la malvada me tomó del cuello tan fuerte que en el intento de zafarme me golpeé la cabeza y perdí el conocimiento. Cuando desperté estaba solo. ¿Cuántas horas pasarían? No lo sé ni quiero saberlo. Salí de la habitación. Me encontré con el botones. Le comenté lo sucedido. Él me dijo, riéndose con sarcasmo, que me asignaron la hab...

Historias de un cojo tuxtleco

Karla Barajas 7 de julio de 1993 La Calle Real La Avenida Central, corazón de Tuxtla Gutiérrez, es la pista de carreras de frenéticos peatones que luchan por llegar primero a no sé dónde. Dos chicas dictan quién pasa y quién no, peatón o coche. Recordé lo no visto, lo que me contaron de la hoy Avenida Central, antes Calle Real, en donde las carretas jaladas por burros conducían a las señoras con carga y a los viajeros acaudalados. A lado de esta calle contemplábamos la Pérgola del Parque Central y, por debajo, un mapa en relieve de donde brotaban ríos, alimento de la ciudad. Vuelvo del recuerdo prestado y veo una banca verde, en la que tantas veces me senté, detrás de ella la iglesia de San Marcos. Nuevamente aparece la imagen de una vivencia incorporada: en el atrio de esta iglesia se encontraba el Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas, ahí recitaron sus poemas don Enoch Cancino Casahonda, Rosario Castellanos, Jaime Sabines... Cada paso en la Avenida Central es ...

Sé que me oyes

Mikel Ruiz* Llega la oscuridad del tiempo, como si sólo te aguardara a ti. Sobre la copa de los árboles se posa la niebla, cae la brizna como mis lágrimas. En mi corazón se aprietan las nubes de dolor y maldad que has traído. He terminado de afilar tu machete, fue muy difícil, nunca lo había hecho. Volviste a beber sin medirte, perdiste la conciencia; no sabes ni qué hora es, en cambio nuestra hija está durmiendo, allí está envuelta en su cobija de lana. Espera, apretaré bien la soga en tus pies, por si aún intentas pararte”. Dentro de un jacal fúnebre Pascuala Tsepente’ se arrodilla, silenciosa, hasta quedar quieta frente a una cruz de madera. “¿Cuál es mi pecado para merecer esto, Padre? ¡Míralo, cómo pone sus ojos en mí!”, exclama al Cristo que tiene en las manos, recientemente despegado de la cruz delante de Pedro, su marido. Con la cabeza baja y los ojos cerrados, piensa en el sufrimiento de Elena, su hija muda. “Como tú eras el hombre hice todo cuanto me obligabas. ...